Cuadernos de Asombros
Hace años que llevo siempre conmigo un cuaderno. En él voy registrando lo que, en el día a día, me conmueve en el decir: frases, fragmentos, palabras, pensamientos. A estos cuadernos los llamé cuadernos de asombros.
En paralelo, mi práctica fotográfica se orientaba hacia lo que me conmovía en el mirar. Surgió entonces la necesidad de articular ambos registros: poner en relación la palabra y la imagen, hacerlas dialogar. Fue así como comencé a trabajar con la imagen fotográfica como soporte de escritura.
Así, sobre la imagen fotográfica se inscribe no sólo el texto, sino también el paso del tiempo, volviéndose registro de una temporalidad en curso. En esa temporalidad siempre fugitiva, el bordado aparece no como forma decorativa, sino como un modo de prolongar el instante. Mientras escribo, mientras bordo, el instante perdura.
