Mi práctica se sitúa en el cruce entre imagen y escritura, atravesada por mi formación en filosofía. Trabajo con fotografía en blanco y negro e intervengo algunas imágenes mediante texto, costura y bordado. No busco representar una experiencia, sino mantenerla abierta: sostener el umbral donde lo mínimo y lo inadvertido adquieren presencia.
Mi trabajo parte de una observación detenida de lo apenas perceptible en lo cotidiano. Me interesa el tiempo como aquello que, en el mismo gesto en que se manifiesta, se desvanece, y como condición de aparición de una belleza fugaz que nunca termina de completarse. En esa imposibilidad de retener el instante y lo bello se articula mi investigación.
Esta forma de mirar nace en la escritura de mis Cuadernos de Asombros, donde anoto fragmentos de lo que me conmueve en lo cotidiano. Con el tiempo, esa práctica se extendió hacia la fotografía como un modo de reunir indicios de una presencia que aparece retirándose.
En algunas obras, escribo o bordo sobre la fotografía como un gesto de insistencia. Estas intervenciones no buscan decorar la imagen, sino prolongar su temporalidad, dejar huellas y señalar la vulnerabilidad del instante.
Trabajo desde ese intersticio: entre lo que aparece y lo que se pierde, en aquello que no llega a ser del todo, pero insiste.